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La Barca de Calderón
Por William Calderon Zuluaga (calderonz@etb.net.co)
Citado a Palacio. El notario 67 de Bogotá, Luis Camilo Omeara Riveira, metido en honduras por el sonoro escándalo provocado por las denuncias de la ex parlamentaria Yidis Medina, fue citado a la Casa de Nariño por orden expresa del presidente Uribe.
La Barca estableció que el fedatario –que tiene su despacho en la calle 80 bis número 94-05— deberá informar en detalle al Mandatario sobre los orígenes de los pagarés y depósitos bancarios millonarios que giraron alrededor de la reelección presidencial y las conductas tanto de la señora Medina como del ex representante Teodolindo Avendaño.
También supimos que habrá una orden perentoria de Uribe para que el notario Omeara le dé la cara al país y cuente toda la verdad. Están pendientes de averiguación dos elementos: 1) Si lo asistirá en la reunión, en Palacio, el ex ministro y actual embajador en Roma, Sabas Pretelt, y 2) La fecha precisa del crucial encuentro.
La indiferencia Abogados defensores de los políticos confinados en La Picota se quejan con amargura del vacío silencioso que mantiene el presidente Uribe frente a los mensajes que le hacen llegar, a través de distintos emisarios, para que se les ayude a mejorar las condiciones de reclusión.
El mutismo se pone igualmente de manifiesto cuando los ex congresistas, le piden que les mande al penal un delegado de Palacio para que se les escuche. Se duelen los encartados por la para-política porque, en su sentir, de la noche a la mañana, reciben un trato como enemigos de un régimen al que han respaldado con gran decisión y vehemencia. Entre tanto, en los pasillos de la Casa de Nariño se asegura que el Mandatario está muy solo por estos días y únicamente recibe en su despacho a la secretaria Alicia Arango.
Un consejo sin eco. A raíz de la reactivación de las hostilidades verbales del presidente venezolano, Hugo Chávez, contra la República de Colombia, fuentes allegadas a la Casa de Nariño le contaron al barquero que el presidente Uribe no prestó atención, en su momento, a una recomendación que le hizo doña Lina Moreno para que desistiera de la idea de incorporar al proceso de paz a la fogosa senadora Piedad Córdoba. Apoyándose en la intuición femenina, la señora Moreno previno a su marido sobre los dolores de cabeza que le generaría esta decisión y le vaticinó, además, que terminaría peleando con la senadora del turbante, como en efecto sucedió.
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