Los conceptos son variados, sé que en mi caso es una profesión, otros lo tienen como un pasatiempo, 'rebusque' para sobrevivir y un oficio. Soy como uno de tantos notarios de la historia, no me preocupo porque me alaben o me vituperen.
Todos los días más profesional
Por Cesáreo Herrera Castro, director
Quienes nos desempeñamos en esta profesión sabemos que somos la prolongación de los cinco sentidos que tenemos, para ello echamos mano de la radio, hojas de papel periódico, aparatos para transmitir informaciones a través de la televisión y ahora la internet.
Internet es el medio más democrático de todos, cualquiera puede tener su blog, página web, periódico virtual, el único enemigo es el hacker de turno, borra lo que no le gusta, claro que en mi parecer a los hackers no les gusta nada, son disociadores y creo que hasta homosexuales, ya he sido víctimas de ellos, hace poco me borraron de www.colombiaparatodos.net más de cincuenta mil noticias y veinte mil fotos.
Pero esta profesión es la más bella de todos, de eso no hay duda, uno se gana el respeto y credibilidad de lectores, escuchas o televidentes porque siempre está en primera línea la ética, vocación y estética.
Sin esos ingredientes no vale la pena meterse a los medios de comunicación, se será siempre un 'mequetrefe', arrodilaldo, mediocre, oportunista y áulico.
El periodismo hoy es el mismo de siempre, pero con nuevas herramientas
A propósito de la celebración del día del periodista consideramos prudente transcribir el siguiente artículo.
El periodista siempre ha estado obligado a ser más sociólogo que redactor; más buscador de nuevas situaciones y nuevas realidades que descriptor de lo que ve.
Por José María García
Esto no es nada nuevo pero hoy es más necesario que nunca. El periodista siempre tuvo que saber mirar y saber escuchar. Luego, por supuesto, tendrá que contarlo bien. Pero la clave está en ver las cosas que otros no ven; en descubrir el lado diferente de una realidad; en poner al descubierto lo que alguien quiere ocultar. Algunos llaman a eso periodismo de investigación; otros lo convertirán en periodismo costumbrista y otros más harán de eso la complicada tarea de recoger testimonios interesantes de personajes absolutamente plúmbeos.
Esto, ha ocurrido siempre. Hoy también es así, pero con algunas variantes importantes. Hoy el periodista cuando observa tiene más ojos que nunca. Las fuentes, que en el principio estaban en la calle, están hoy sentadas en las mesas de los redactores. Es más, se confunden directamente con los periodistas e incluso quieren ocupar el puesto del redactor.
Hoy cada persona que circula por la calle, cada diputado de cualquier parlamento del mundo, cada deportista de éxito de cualquier competición, publica en primera persona su particular aventura. ¿Y dónde queda el papel del periodista?
Es un debate infinito, con tantas respuestas y análisis como periodistas hay en todo el mundo. Por mí parte intentaré simplificarlo al máximo.
Hasta hace poco el proceso de creación periodística nacía en la fuente, posteriormente continuaba con la observación del profesional y por último la producción del mensaje tal y como llega al ciudadano.
Hoy las dos primeras etapas han convergido en una sola. La fuente y la observación se han fusionado. El que conoce un acontecimiento lo describe y lo envía hasta nuestras redacciones apoyándose en alguna de las muchas herramientas que los medios estamos poniendo a disposición de los lectores, oyentes o telespectadores.
Luego el periodista deberá filtrar ese contenido, ordenarlo, priorizarlo y finalmente publicarlo. Es decir, la labor periodística se ha acortado y el ciudadano ha asumido una parte de nuestro trabajo.
Hoy millones de personas circulan por la calle con un móvil equipado con cámara de fotos.
Es decir, son reporteros en potencia que, ante una situación noticiosa, pueden utilizar su dispositivo y subir a la red una instantánea periodística. Los móviles de esas personas además son grabadoras de sonido que pueden recoger el testimonio de cualquiera.
Y por si fuera poco están equipados con conexiones que permiten enviar todos esos documentos a cualquier servicio o a cualquier medio de comunicación.
Y, ante esta situación, ¿cuál debe ser nuestra posición? Por mi parte solo diré que los medios de comunicación no compiten con los socialmedia. Estos últimos tienen la característica y la bondad de no tener filtros de publicación y tienen el encanto de la inmediatez absoluta, muchas veces de la ingenuidad, y la carga emotiva del compromiso individual de cada uno.
Pero los medios sociales no tienen el criterio de un profesional y, muchísimo menos, la capacidad de producir con unas normas periodísticas el mensaje que llega a los consumidores de información.
Los medios sociales y los medios de comunicación debemos movernos en ámbitos distintos. Todos tienen su espacio pero los medios de comunicación y los periodistas tienen que aprender a convivir con esta nueva realidad. Si no entendemos que no debemos competir con los que no son nuestros competidores nos estaremos equivocando y tomando como enemigo a los que deben ser nuestros aliados.







