12 Febrero - 2012

Los cabos sueltos de la oposición venezolana

Este domingo los venezolanos elegirán al que será el rival de Hugo Chávez en las elecciones del próximo 7 de octubre. Henrique Capriles parte como favorito para enfrentar la ofensiva chavista iniciada desde finales del año pasado.

Faltan 200 días para convencer a Venezuela
 

Por Sergio Dahbar  Especial para El Espectador
 

Henrique Capriles Radonski saluda a sus seguidores de Mérida, donde tuvo lugar el cierre de su campaña. / EFE

Todo parece indicar que hoy será un domingo sin sorpresas en Venezuela. Si consideramos los resultados de las encuestas realizadas en los últimos dos meses, el vencedor será Henrique Capriles Radonski, abogado caraqueño de 39 años, quien no ha perdido ninguna elección hasta la fecha, ni siquiera cuando se enfrentó a Diosdado Cabello, uno de los hombres duros del chavismo, por la Gobernación del estado Miranda en 2008.

El candidato favorito posee 55,9% de la intención de voto, después de sellar una alianza con otro de los aspirantes, Leopoldo López. Atrás lo siguen cuatro contrincantes, separados por una distancia estimable: el gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez, la diputada independiente María Corina Machado, el exembajador Diego Arria y el exparlamentario y disidente del chavismo Pablo Medina.

De resultar triunfante Capriles Radonski al final del día, Venezuela no sólo amanecerá con un candidato único para enfrentar el próximo 7 de octubre a un presidente hasta la fecha invencible. También habrá roto con el viejo liderazgo de los partidos tradicionales y con figuras de la política que desde hace ya tiempo perdieron su conexión con los votantes. Se confirmará entonces que la antipolítica sigue instalada en la oposición. Algo similar a lo que ocurrió con Hugo Chávez cuando fue candidato en 1998.

Cabe preguntarse cuál es el contexto que rodea estas elecciones primarias en Venezuela. Desde el 2 de noviembre pasado se produjeron 25 cambios de cargos claves en el alto gobierno: 22 de ellos han sido ocupados por militares activos o retirados.

Este proceso de remilitarización de la alta administración pública quedó sellado con el nombramiento de Diosdado Cabello como presidente de la Asamblea Nacional. No hay que olvidar que Cabello es la figura más denostada por la izquierda del chavismo, que lo identifica como el líder de la derecha endógena.

Otros hechos resultan significativos. La concentración de tanques y armas en el estado Aragua y Guárico bajo el mando del general Clíver Alcalá Cordones; la designación de Henry Rangel Silva como ministro de la Defensa; la declaración del presidente Hugo Chávez que identificó a las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) como chavistas; así como la escenificación del aniversario del frustrado intento de golpe del 4F como Celebración Nacional. Todo indica que el régimen quiere aparecer cada vez más apoyado por las FAN.

En un escenario altamente marcado por los contrastes, como es el venezolano, la remilitarización del alto gobierno y la exhibición de las FAN como una fuerza política bajo la conducción de Chávez, tienden su sombra sobre las elecciones primarias. Si la Mesa de la Unidad profundiza su discurso democrático con unas elecciones populares, el gobierno acentúa su semántica militarista y guerrera.

Cualquiera que haya observado con cuidado el desfile del 4 de febrero pasado, advertirá rasgos significativos: el culto a la personalidad de Hugo Chávez alcanzó momentos de pleitesía; el esfuerzo por asociar las FAN con uniformados del pueblo remarcó un discurso racial subrepticio; y la exhibición de milicias entrenadas militarmente confirmó una legitimidad equivalente a los componentes regulares de las FAN.

¿Qué le dice al venezolano común