A Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César. El famoso camello que se instaló en todo el frente del benemérito Cuerpo de Bomberos de Aremenia sigue generando polémica, está a punto de ser retirado del lugar y en cambio deberá ponerse un símbolo o ícono de quienes nacieron aquí.
No es un camello
Por Cesáreo Herrera Castro, director
La rabia contra ese tal camello se generó en la segunda alcaldía del extinto ingeniero Mario Londoño Arcila, en su primera tuvo muchos aplausos por las obras que ejecutó para la capital del Quindío y tal vez por esa imagen se ganó de nuevo la confianza del pueblo 'cuyabro' para que lo ungieran de nuevo.
Sus actos de gestión administrativa en su segundo período fueron cuestionados por la cantidad de escándalos que protagonizó, se dice que si no se hubiera muerto estaría en la cárcel y por esa adversa circunstancia el paganini de todos esos enredos y palos de ciego se le cargaron al referido camello.
Yo siempre me he preguntado, ¿ qué tal que Mario Londoño Arcila hubiera sido un buen alcalde ? ¿ Se hubiera generado tanta inconformidad ? Dicen que el desgreño administrativo de Mario llevó a que ese camello sufriera una extraña metamorfósis, su cara se pareciera más a una mula y el cuerpo a un caballo.
Lo cierto de todo esto, que es un nuevo pasaje distractor frente a tantos problemas que tiene
Armenia, concluirá en los próximos días, el camello será entregado a su dueño Francisco Urrea y allí habrá una alegoría al fundador José María Ocampo, un willys, un poncho, una mulera, una ruana o un machete, símbolo de quienes llegaron a estas tierras, descuajaron las montañas y dieron vida al grupo humano que hoy habita este pedazo de la geografía nacional.
En mi parecer y sentir hay que acabar cuanto antes con esta prolongada polémica para que la señora alcaldesa Luz Piedad Valencia Franco pueda ejecutar sus planes, programas y políticas de la inversión social.
Pienso además que se le ha dado mucha más trascendencia de la que merece el tan manido cuento del monumento al camello, La Crónica del Quindío ha editorializado en varias ocasiones y también acompaña a ese clamor general de sacarlo de allí.
Así se refiere el periódico colega de www.colombiaparatodos.net:
¡Abajo el Camello!
El monumento que señala el comienzo de la avenida 14 de Octubre de Armenia en sentido centro occidente, no puede seguir siendo un camello, si se tiene en cuenta que la ciudad no es una cualquiera; que tiene historia, presente y futuro.
Y qué bueno que la Academia de Historia del Quindío de cuyo cuadro forman parte destacados escritores, pero sobre todo historiadores de la región, tome cartas en este asunto de identidad comarcana, de dignidad social y de respeto a nuestros antepasados.
A la avenida 14 de Octubre la asaltaron y se le robaron su nombre de pila; la fecha de la fundación de la ciudad es más importante que el cuadrúpedo adoptado para una campaña política y que después convirtieron en un símbolo que no puede explicarse, pero que se impuso porque ante la falta de autoridad en la ciudad, tenía que manifestarse la anarquía.
Ni siquiera es como se ha dicho un símbolo de las administraciones de Mario Londoño y luego de su señora Ana María Arango. No, el camello se impuso como el emblema de una campaña política en la que el candidato a la alcaldía dijo “vamos a camellar”.
Fue cuando uno de los mentores de la candidatura Londoño, el empresario y comerciante Francisco Urrea se puso al frente del proceso motivacional de la campaña y mandó a fabricar el camello de 2 metros 05 centímetros de altura por 1 metro 50 centímetros de ancho.
De modo que el “camello” surgió de la campaña política del señor Mario Londoño Arcila cuando aspiró a la alcaldía y un animal propio de los países del norte del África y de la península arábiga no puede ser símbolo de la ciudad y mucho menos puede sustituir el verdadero nombre de la avenida que le rinde tributo a Armenia y a sus fundadores, entre otros los señores Jesús María Ocampo (El Tigrero), don Jesús y don Alejandro Suárez.
Los señores que fueron encargados de redactar las actas iniciales de la fundación y el iletrado cazador que lideró la fundación de Armenia, deben ser reconocidos en sendos monumentos que se tendrán que ubicar a lo largo de la avenida 14 de Octubre.
Esa doble calzada debe convertirse en una ruta emblemática de la cultura cuyabra. Con bustos de los más sobresalientes escritores de la región, entre quienes bien puede contarse Adel López Gómez, Bernardo Ramírez Granada, el primer rector de la universidad del Quindío e hijo de don José María Ramírez H., el primer rector del colegio Rufino J. Cuervo.
La Academia de Historia del Quindío tiene razón y le sobra: “El esfuerzo y el trabajo duro quedan mejor encarnados con una mula o un buey que son propias en las gestas de doblamiento de estas tierras”, han dicho los señores Jaime Lopera Gutiérrez y Gonzalo Alberto Valencia, presidente y secretario, respectivamente, de la Academia de Historia del Quindío.
Por supuesto que es así y por eso señora alcaldesa de Armenia, Luz Piedad Valencia Franco, a su autoridad le compete responderle a la Academia de Historia y ordenar la cancelación de comodato alguno si existe y el retiro del camello ubicado en el punto de partida de la avenida 14 de octubre.
La Academia de Historia es la indicada para esta reclamación que apoyamos con vehemencia y porque entre otras cosas la institución vive al margen de las aventuras políticas comarcanas. No tiene interés en uno u otro líder político y su misión es la de preservar la historia de la región y defender la verdad de los acontecimientos que han hecho tránsito por Armenia y el Quindío desde la fundación de la ciudad, la historia del Quindío como región y la del departamento a partir de su creación para formar parte de la vida jurídica de la República.
Un camello no tiene nada que ver con las tradiciones regionales y mucho menos con Armenia, cuya bandera con los colores verde blanco y amarillo, simboliza exactamente la esperanza y feracidad de nuestros campos, la paz y la riqueza. Desde 1.927 esta bandera, el himno en cuyos versos se canta “noble Armenia tu suele presiente, otra raza, altiva de dura cerviz”. ¡Abajo el camello!







