Una vez más causa hilaridad la simpleza del Estado colombiano para resolver lo fundamental de sus ciudadanos, de sus asociados: la vida. ¿ Cuántas masacres se han realizado en el país ? ¿ Cuántos años llevamos? En el caso del Palacio de Justicia, uno de tantos, no sirve de nada que el Estado pida perdón por ese terrible e inolvidable holocausto.
Aunque la expresión casi no vale nada, si se podría afirmar que el departamento del Quindío es de todos y de nadie, la mayoría de sus instituciones públicas se volvieron polvo, pasaron a manos de operadores privados, escasamente se recuperó el aseo que estuvo durante varios años manejado por servigenerales S.A. E.S.P.
Una de las razones tiene relación directa con el asesinato de uno de los periodistas más brillantes, honestos e incansables por la libertad de expresión, dierctor del periódico El Espectador, don Guillermo Cano Isaza, quien fue víctima del cartel de las drogas.
Siempre se ha mencionado que la capital de Colombia tiene más de mil trescientas pandillas, que son el terror de todos los ciudadanos, muchos de ellos se han tenido que 'encerrar' en sus hogares a tempranas horas, sin embargo los muertos son muchos.
Simple y llanamente consuelo de tontos de tener entre las alforjas el gobierno seccional del Quindío veinte mil millones de pesos, pero hace rato se embolataron 36 mil millones de pesos que obtuvo la región por la venta de las acciones de la Empresa de Energía del Quindío, Edq, a EPM, Empresas Públicas Municipales de Medellín.
Ácidas y prolongadas discusiones se han dado en el espinoso asunto de las regalías, tanto para quienes producen petróleo como para las regiones que jamás han visto brotar de sus tierras crudo. Recordamos como en el departamento de Arauca, uno de tantos de Colombia, despilfarraron miles de millones en elefantes blancos, menos en educación, salud, investigación, vivienda y tecnología.